Habitualmente pensamos que los conflictos se producen por falta de comunicación.
Cuando israelíes y palestinos llevan décadas luchando por un territorio no podemos afirmar que exista incomunicación. Son numerosos los procesos de paz abiertos en estos años en los que los líderes de ambos países intentan, hasta ahora sin éxito, llegar a un acuerdo para dejar de matarse unos a otros. A nadie le interesa mantener un conflicto permanente con otra persona, grupo o país.
Cuando gobierno y sindicatos se enzarzan en una dialéctica agresiva sobre la solución del conflicto laboral en España y se plantea una huelga general (mañana 29 de septiembre toda España está convocada), no lo hacen porque no tengan formas dialogadas de resolver sus diferencias (que las hay), ni porque no se hayan sentado unos y otros a hablar.
Cuando oposición y gobierno discuten en el Congreso o en los micrófonos de los medios de comunicación no es porque no sean civilizados ni educados y no quieran todos ellos el bien común (claro, cada uno el bien común a su partido).
No falta comunicación en el mundo, sino empatía. Los seres humanos, de forma naturaleza, somo egoístas, buscamos nuestro beneficios sin pensar en el de los demás (es lo que conocemos como la “ley de la selva”). Como seres sociales, pensamos en el colectivo con el que nos identificamos, pensamos en nuestro beneficio colectivo, sin pensar en el beneficio de los demás colectivos.
La empatía definida como “la capacidad cognitiva de percibir en un contexto común lo que otro individuo puede sentir. También es un sentimiento de participación afectiva de una persona en la realidad que afecta a otra”, es el elemento que debe subyacer en toda comunicación humana. El interés por llegar a un entendimiento con el otro para conseguir mejorar la situación de ambos individuos o colectivos, es la razón fundamental de establecer un diálogo, una relación comunicativa.
Si la empatía es el elemento común a un proceso de comunicación, ambas partes encuentran un punto de entendimiento sobre el que construir su diálogo. Ese punto de encuentro es el primer paso para la paz y como decía en la entrada de ayer, la comunicación se convertirá en la piedra angular del entendimiento humano. Desde ese primer punto de encuentro, el consenso y la solidaridad están más cerca. Cuando encontrar los puntos de encuentro durante la comunicación es el motivo principal de nuestra relación y no la victoria de nuestras posiciones frente a nuestro oponente, la paz está a un sólo paso.
Comencemos a pensar en lo que necesita la persona que tenemos a nuestro alrededor y en si podemos ayudarle a conseguirlo.