Empatía: confianza, credibilidad y reputación, fundamentos del crecimiento social

Empatía, reputación, confianza, relaciones públicas, promoción de eventos en MadridHoy tengo que dar una clase en la Cámara de Comercio de Madrid, en un curso de protocolo, y debo explicar cómo se debe promocionar un acto de relaciones públicas. Y me he dado cuenta de que debo hablar de comunicación corporativa, de reputación, de confianza y de liderazgo. Porque para que lo que decimos pueda surtir efecto en los que nos escuchan es necesario todo eso. Necesitamos que surja empatía entre ellos y nosotros. Por que promocionar un evento no es ni más ni menos que un acto de comunicación, basado en la confianza que tienen nuestros públicos, ganada por nuestra reputación, y que en último lugar debe ofrecer a quien nos escucha un beneficio (una experiencia satisfactoria). Un beneficio mutuo.

Escribía esta mañana en otro blog, La Gestión de los Silencios, sobre la Operación Galgo y Marta Domínguez, y me doy cuenta de que ambos temas están relacionados con la reputación y la confianza. Al igual que en la economía española y la necesidad que existe de crear una marca país para España basada en otros conceptos que no sean sol y playa, la confianza de las personas que deben apostar por nuestro país, empresarios, turistas, fondos de inversión, investigadores, se basa en la necesidad de tener una credibilidad y una reputación acorde con lo que se pide. Sin esas premisas, la empatía necesaria para que dos personas hagan algo en común y se esfuercen al máximo por un resultado óptimo no se puede dar.

Es por esto que no podemos obtener confianza de los mercados, huyen al menor beneficio; ni de los ciudadanos en los políticos, cada vez que hay uno que nos ilusiona, no tarda en defraudarnos; ni en los deportistas, porque parece que sobre todos ellos está la sombra de la trampa y la corrupción. Pero tampoco podemos los organizadores de actos tener confianza en que los periodistas, las autoridades o los invitados asistan a un evento que montamos, porque no hay confianza en que lo que ofrecemos sea mejor que lo que ofrecen los demás. Creemos que lo importante es hacer ruido, montar un gran espectáculo, ofrecer un gran regalo, llevar a la modelo o actor de moda…

Parece que me he desviado del título del post, pero no es así. Una sociedad sin mitos (entendido como modelo a seguir), sin credibilidad, sin confianza, no puede avanzar en la dirección correcta. La empatía es necesaria para el crecimiento, para la evolución y el desarrollo. Y creo que en estos momentos, sufrimos una falta de liderazgo y de confianza que no permiten a las personas unirse por objetivos comunes. Y esto afecta a todos los nodos de esta red en la que vivimos.

El 90% de la comunicación interpersonal es no verbal

Hoy también recojo un post de otra persona. No es que me haya vuelto vago, simplemente es que han coincidido un par de lectores con ganas de publicar. Y animo a todos los demás, nunca he tenido muchas ganas de protagonismo. Si este blog se convierte en un foro de artículos de muchos, me alegraré. Una puntualización. Lo único que añado a lo escrito por otro son los enlaces.

¿DECIMOS LO QUE QUEREMOS?. LA COMUNICACIÓN NO VERBAL

Por Inmaculada Jaén, psicóloga y experta en Recursos Humanos y selección de personal

¿Sabéis que sólo el 10% de una conversación entre personas corresponde a la expresión oral?, es decir el QUÉ se dice.

El resto lo constituye básicamente el CÓMO se dice: la postura, el movimiento corporal, los gestos, la expresión del rostro y mirada, las sensaciones táctiles y olfativas como vehículos de la Comunicación No Verbal, además del tono, timbre, tiempo, espacio, etc.

La comunicación interpersonal directa es la más completa, ya que, por ejemplo, si hablamos por teléfono, nos “perdemos” todo aquello que el cuerpo está expresando. En la comunicación escrita (carta, e-mail, SMS, etc), todavía contamos con menos información, pues son sólo las palabras y la utilización correcta de los signos de puntuación el vehículo de lo que queremos comunicar.

Por eso eludimos o buscamos el cara a cara, cuanta menos información queremos dar o cuanta más queremos obtener.

La incongruencia entre lo qué se dice y cómo se dice es uno de los factores que provocan más suspicacia en el que está escuchando.

Haced la prueba con un bebé, decidle palabras bonitas y cariñosas, con expresión de enfado y un tono de voz elevado y amenazador, inmediatamente el bebé se asustará y empezará a llorar o a hacer pucheros. Acto seguido, probad a escoger palabras neutras o que no expresen afecto, sino todo lo contrario, esta vez, con una expresión en la cara, dulce, amable, con una gran sonrisa, y en un tono calmado y suave, en esta ocasión la reacción del bebé será totalmente opuesta a la anterior.

Esto se explica porque los bebés, que todavía no entienden las palabras (el Qué), sí que están genéticamente programados para entender el Cómo.

Las conclusiones parecen evidentes, nosotros decimos más de lo que sale por nuestra boca, por lo tanto, si queremos que nuestras relaciones interpersonales, cualquiera que sea su ámbito de acción, laboral o personal, sean eficaces y duraderas tenemos que aprender a “escuchar” y “hablar”, con todos los sentidos, con todo nuestro cuerpo y en consonancia con lo que realmente sentimos.

Si os interesa este tema y queréis iniciaros, podéis empezar con el libro de Flora DavisLa Comunicación No Verbal” (Alianza editorial), es ameno, muy curioso y todo un clásico. Para profundizar más, el tema de PNL (Programación NeuroLingüística), introduce otros aspectos y hace hincapié en qué signos son relevantes para obtener información adicional.

Comunicación y empatía

Habitualmente pensamos que los conflictos se producen por falta de comunicación.

Cuando israelíes y palestinos llevan décadas luchando por un territorio no podemos afirmar que exista incomunicación. Son numerosos los procesos de paz abiertos en estos años en los que los líderes de ambos países intentan, hasta ahora sin éxito, llegar a un acuerdo para dejar de matarse unos a otros. A nadie le interesa mantener un conflicto permanente con otra persona, grupo o país.

Cuando gobierno y sindicatos se enzarzan en una dialéctica agresiva sobre la solución del conflicto laboral en España y se plantea una huelga general (mañana 29 de septiembre toda España está convocada), no lo hacen porque no tengan formas dialogadas de resolver sus diferencias (que las hay), ni porque no se hayan sentado unos y otros a hablar.

Cuando oposición y gobierno discuten en el Congreso o en los micrófonos de los medios de comunicación no es porque no sean civilizados ni educados y no quieran todos ellos el bien común (claro, cada uno el bien común a su partido).

No falta comunicación en el mundo, sino empatía. Los seres humanos, de forma naturaleza, somo egoístas, buscamos nuestro beneficios sin pensar en el de los demás (es lo que conocemos como la “ley de la selva”). Como seres sociales, pensamos en el colectivo con el que nos identificamos, pensamos en nuestro beneficio colectivo, sin pensar en el beneficio de los demás colectivos.

La empatía definida como “la capacidad cognitiva de percibir en un contexto común lo que otro individuo puede sentir. También es un sentimiento de participación afectiva de una persona en la realidad que afecta a otra”, es el elemento que debe subyacer en toda comunicación humana. El interés por llegar a un entendimiento con el otro para conseguir mejorar la situación de ambos individuos o colectivos, es la razón fundamental de establecer un diálogo, una relación comunicativa.

Si la empatía es el elemento común a un proceso de comunicación, ambas partes encuentran un punto de entendimiento sobre el que construir su diálogo. Ese punto de encuentro es el primer paso para la paz y como decía en la entrada de ayer, la comunicación se convertirá en la piedra angular del entendimiento humano. Desde ese primer punto de encuentro, el consenso y la solidaridad están más cerca. Cuando encontrar los puntos de encuentro durante la comunicación es el motivo principal de nuestra relación y no la victoria de nuestras posiciones frente a nuestro oponente, la paz está a un sólo paso.

Comencemos a pensar en lo que necesita la persona que tenemos a nuestro alrededor y en si podemos ayudarle a conseguirlo.

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